Busca tu idioma

(c) Todos los derechos reservados

Así que no me plagies :)

Así que no me plagies :)
lunes, 13 de mayo de 2013

Vidas pasadas
Observé el angustiado e inerte rostro de mi padre, el Faraón; lleno de pústulas blanquecinas a punto de estallar en miles de gotas enfermizas.
A su alrededor, un escuadrón de serpientes asesinas amenazaban con morder o escupir e incluso atravesar como flechas en llamas su dolorido y maltrecho cuerpo lacerado y dormido, tendido entre escombros llameantes de lo que antaño había sido nuestro amado, adorado y glorificado palacio.
Un grupo de batracios croaron al unísono y estridentemente a nuestro alrededor uniéndose al zumbido quejumbroso e insoportable de millones de insectos y langostas asesinas que devoraban todo a su paso; y que sin lugar a dudas, se acercaban a nosotros irremediablemente.
Comencé a recordar la maldición de aquella vieja nubia, que pastoreaba sus cabras cuando mi padre decidió que su preciosa hija sería su nueva concubina.
No pude si no quedarme allí de pie, petrificado y confundido; rodeado de fuego, escombros, gritos, sangre y oscuridad.
A mi alrededor, varias esclavas caminaban desorientadas y descalzas; apenas cubiertas con sucios harapos ensangrentados y roídos.
Las concubinas, dirigidas por aquella nubia, desencadenante de aquellas desgracias, huían en pos de la anhelada libertad; no sin antes echar una última y desdeñada mirada hacia lo que hasta entonces había sido su única esperanza de vida: el Faraón, el dios viviente.
Recordé la maldición de aquella cabrera nubia. Faltaba aún algo terrible que debía pasar. La muerte de su primogénito.
Pronto desperté bañado en sudor y lágrimas, y di gracias a Ra por haberme devuelto con sus rayos al siglo veinte.

(Este texto está publicado también por mí en Ciao)

0 comentarios:

Publicar un comentario

 
;